domingo, 9 de noviembre de 2014 ~ 00:56 0 Comments

Cuando aún estaba en el colegio, muchas veces oí decir que luego de terminar el colegio echaríamos de menos nuestra vida escolar, el colegio mismo, a nuestros compañeros y profesores.
Han pasado ya 6 años desde que me licencié de 4to medio (saquen la cuenta de cuántos años tengo ya)...y debo decir que aún sigo esperando esa añoranza!
Pero estos últimos días he estado pensando al respecto de mi adolescencia y escolaridad y me he replanteado muchas cosas de las que hice en ese entonces...si actué bien o mal en aquel entonces, en el que era mil veces más inmadura e inocente de lo que soy ahora (y eso que sigo siendo un buen poco de ambas cosas).
En primer lugar, me pasé la vida entera presionada para tener buenas notas: primero para acceder a un buen colegio o liceo en enseñanza media y luego para poder tener un buen NEM (básicamente es un puntaje que le otorgan a tu promedio de notas de los 4 años de enseñanza media) para la famosa PSU (Prueba de Selección Universitaria). Para eso trasnoche, me estresé, rabié, lloré y putié a más de una persona. Tanta era la presión que por los 15, sinceramente hablando, sentía que para mi papá lo único que importaba acerca de mi era si obtenía o no una buena nota. Es que imagínense! Siempre sacaba notas por sobre 6.0 (acá se califica hasta el 7.0) y nadie me decía nada, pero si sacaba un 4.algo o peor aun! UN ROJO! (notas bajo 4.0 que son consideradas deficientes, o sea que no apruebas) Es que me retaba de una forma! Como no iba a terminar pensando que mi valor para el solo dependía de mis notas (pa' mas remate, yo no considero que las notas reflejen el real conocimiento de los alumnos. Muchos hacen trampa y consiguen mejores calificaciones que los que realmente estudiaron a consciencia y algo aprendieron. Pero bueno, ese es otro tema).


Otro punto. NUNCA ME DEJABAN HACER NADA!!
Cómo es posible que no me dejasen salir aunque fuese un fin de semana al mes? Recuerdo que cuando tenía 16, empecé a salir más y a tener algo de vida social, porque empecé a pololear ese inicio de clases. Muchas veces estuve guardando el permiso para un cumpleaños de algun@ amig@ y no asistí a alguna fiesta random a la que me hayan invitado...y la HERMOSA respuesta de mi viejo, en tono malhumorado, muchas veces fue un rotundo NO, que estaba saliendo mucho y no se qué (cuando hacía un mes que no salía). Y cuando salia...era la cenicienta de la fiesta: mi papá me llamaba tipín 1-1:30 AM para decirme que ya estaba afuera...acá el carrete empieza después de las 10. O sea, no disfrutaba mucho de la fiesta que digamos.

Y otra cosa, nunca fui a una pijamada, nunca pude irme de vacaciones o irme un fin de semana largo con la familia de alguna amiga a ningún lado...menos aún ir a la casa de playa/campo de algún amig@! Todo para mi era un rotundo NO!
Y luego, veo que a mi hermano le dan todas las libertades que a mi no me dieron! Siendo que yo siempre fui mucho más responsable, madura y comunicativa que el! Una vez conversando esto con él, me comentó que tal vez era porque yo era mujer. Que terrible si es que fue por eso. Me emputece que en mi casa digan que no son machistas, y en la práctica digan lo contrario. Me emputece, así de simple. Además, me carga que la gente me quiera proteger. Siempre me he sentido autovalente y segura de mi misma y mi accionar. No necesito que alguien vele por mi. Si la he de cagar, pues por lo menos algo aprenderé en el camino.
Y de que sirvió que me tratasen así? Pues de muy poco les diré. Mi papá insistió en que tenía que entrar inmediatamente a la universidad luego de salir del colegio. Así que con los 18 años recién cumplidos me fui de casa, a una ciudad a 3 horas de la mía. No voy a decir que me volví loca inmediatamente...no, el primer año fue un año de superación personal: dejar atrás inseguridades, construir una autoestima inexistente hasta entonces, construir una personalidad y empezar a construir la adulta (o semi-adulta) que soy ahora. A los 19, ya era otro el cuento. Empecé a salir, a conocer gente y conocer la ciudad y sus bondades. Los 20...mis locos 20...siempre añoraré ese año! A pesar de todas las idioteces que hice ese año, conocí a gente importantísima en mi realidad actual! A pesar de que rompí las ilusiones de los perfectos 21 ese año, a pesar de todo todo...ese año de desenfreno fue lo máximo! Hice TODO lo que siempre se me negó! (Excepto el irme de vacaciones con alguien, pero ya habrá tiempo para eso). Nunca me sentí tan libre como ese año...y yo amo la libertad; nunca supe cuánto la amaba hasta ese entonces. Pero saben? Al poder cumplir todos los caprichos de la adolescente, perdí de vista mi norte...o tal vez no era el mío propio...tal vez era el norte que desde niña se me había marcado. A pesar de que perdí mi carrera porque no pude reanudarla, por no tener con quien dejar a mi hijo, estaba a punto de perderla de todas maneras: tenía un semestre para poder salvarla...solo debía aprobar macroeconomía y contabilidad financiera. Bien difícil era eso sí que lo lograse.

Y ahora, que ya está terminando el año escolar en estas latitudes, y que me apronto a la elección de dónde estudiar el próximo año, me cuestiono, de qué sirvió todo ese esfuerzo? Todo ese estrés, todas esas lágrimas? Todo ese vacío emocional que sentí durante tanto tiempo...Para qué me esforcé tanto en alcanzar algo, que en definitiva, nunca fue lo que yo quise. Porque cuando terminé el colegio, aún no tenía claro qué diablos estudiar! Yo simplemente averigüé carreras con cosas interesantes...y entré a la primera carrera en la que pude entrar con mi puntaje (más encima 8va en la lista la patu'a). Nunca soñé con ser ingeniera en negocios...de hecho, odio las oficinas! Mi única motivación en ese entonces, era alejarme de mis viejos...tenía muy claro que estando cerca de ellos, no podría crecer...y ya no quería ser la niña, quería ser una adolescente, quería poder abrir mis alas.

Pero bueno...las cartas ya fueron jugadas. Ahora me toca a mi como mamá no cometer los mismos errores con mi hijo y permitirle crecer...si es que el me demuestra que puede con la responsabilidad de cuidar de si mismo llegado el momento...de mi recibirá toda la libertad que a mi se me negó. 
A su vez, que este testimonio me sea un recordatorio de lo que viví, y si de paso sirve a otros padres a no ser tan duros con sus hijos, porque tal vez no les haga bien tanta presión, mejor aun.

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