viernes, 4 de diciembre de 2009 ~ 8:54 p.m. 0 Comments

- Ya me ha entrado sueño - dijo Ágata tras varias horas bebiendo en el living. Había adquirido aquella mala costumbre desde que había sabido la muerte del amor de su vida, nunca había aprendido a sobrellevarlo.
- Ok. Te dejo entonces. -dijo Will parándose para irse.
- Tu te quedas aquí! - alego la mujer acercándose a el - quédate unos di... - había tomado de su mano para intentar retenerlo, pero se había llevado una sorpresa al notar lo gélida de la piel de su amigo, el que la miro preocupado tras intentar evitar quitar su mano, pero Ágata había sido mas rápida que el.
- Esta bien, me quedare...pero no quiero abusar de tu hospitalidad
- Piensa mas bien que es un regalo a esta viuda que no recibe ninguna visita interesante nunca! - dijo sonriéndole- Muy bien, preparare la habitación de invitados y…
- Déjame a mi…no te molestes en pequeñeces…dijo tomándola de los hombros para que se quedase quieta - y no me reclames nada- agrego al ver que la mujer se preparaba para alegar.
- Muy bien, que tengas dulces sueños...-decía Ágata satisfecha y acercándose a Will para besarle dándole las buenas noches, pero William la detuvo.
- Has bebido mucho mujer! anda a acostarte! que hueles a alcohol terriblemente -dijo riendo y dejándola ir.
Ambos entraron a sus respectivas habitaciones. William ya sabía donde se tendría que alojar, puesto que ya había usado aquella habitación mientras se quedo en aquella casa años antes. La habitación no había cambiado en nada, todo estaba en el mismo lugar que antes, como si nunca se hubiese movido nada, como si no hubiese pasado ningún día desde su última visita. William se acerco a la ventana, la abrió para sentir la brisa de las últimas horas de la madrugada. Cuando ya el horizonte aclaraba cerró la ventana y corrió las cortinas, para evitar que el sol entrara cuando la mañana llegase.
El cielo fue aclarando poco a poco, pero Will no pegaba ojo tirado sobre la cama pensando, mas bien imaginando bellas historias en las que Ágata era la delicada y dulce protagonista, dueña del amor de una bestia que tal vez nunca pudiese tenerla realmente…pronto las fantasías se fundieron con los sueños y ambos se hicieron uno.

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lunes, 21 de septiembre de 2009 ~ 10:12 p.m. 0 Comments

Los años pasaron. Allan dejaba de ser un niño para adentrarse en el mundo de la adolescencia. Su madre había envejecido rápidamente...había tenido que buscar la manera de sacar a su hijo adelante sin un padre que mantuviese la familia. En aquel entonces era difícil para una mujer hacer aquello, pero Ágata era joven, puesto que, como en aquella época, había desposado joven y su hijo había nacido alrededor de sus 20 años, tal vez menos.
Una noche de primavera llamaron a la puerta. Por aquellos días no se solían recibir visitas a menudo, menos a aquellas horas.
- Yo abro mamá... - dijo Allan dejando de lado el libro que leía. Al abrir la puerta se encontró ate el peculiar hombre que había conocido años atrás - Will... - susurro Allan.
- Hola Allan! -saludo alegre el hombre. Su aspecto era muy distinto que cuando lo conoció, puesto que se había presentado en un estado profundamente afectado por la muerte de su padre, algo ido y pensativo; pero ahora, parecía contento y animoso.
- Will!! - grito la dueña de casa saliendo de la cocina secándose las manos y corriendo a la puerta. Había escuchado una voz muy familiar y querida hablar afuera - Pasa hombre por Dios! no te quedes allí afuera!! - dijo la mujer risueña tirando al hombre de la ropa para que entrase.
A pesar de haber compartido poco tiempo, Ágata le había tomado mucho cariño a aquel individuo. Había supuesto que le debía mucho al haber ido a dar la penosa noticia, de haber cumplido con la petición de Tomas...en vez de haberse quedado con todo lo que el hombre le había entregado antes de morir.
Ágata había vuelto entrar a la cocina, se escucho el tintinear de unos vasos y luego volvió a entrar a la sala de estar con unas copas y una botella de licor.
- Dime Will, qué ha sido de tu vida? no supimos nada de ti desde que dejaste Inglaterra! - decía mientras llenaba las copas.
- Pues fui a Francia...tenía unos asuntos pendientes allí y me vi obligado visitar Paris. Luego, por cosas de trabajo tuve que ir al África, terrible lugar si me permites decir...hay batallas por todos lados entre negros y europeos, entre las distintas tribus, etc. sumado a eso ese calor!! pareciera que todo se va a derretir allí! Todo es tan café!! - decía mientras recordaba con desagrado su estancia en el negro continente. - Y ahora recién regreso a mi amada y natal Gran Bretaña...-agregó suspirando su dando un sorbo a su copa
A Allan no le agradaba mucho William, nunca le había inspirado confianza como a su madre. Por eso cogió su libro, dijo buenas noches y se había retirado a su habitación luego que William terminara de contar su historia.
- Perdóname por irrumpir en tu casa a estas horas...pero ya había dado un paseo por Londres, y me acorde de que vivías aquí cerca y decidí pasar...no había notado lo tarde que era...-dijo disculpándose una vez que Allan había desaparecido escaleras arriba.
- No te preocupes...siempre serás bienvenido aquí...comiste ya? puedo preparar algo! - dijo Ágata animosa alistándose para ir a cocinar algo para la inesperada visita.
- Si, ya comí... - dijo distraídamente - ya te dije cuando nos conocimos que no te esmeraras en cocinar nada, soy muy malo para comer...-dijo riendo mientras rellenaba su copa.
- Es verdad... -dijo la mujer recordando que casi no había comido bocado la ultima vez que había estado en su casa.

He decidido seguir publicando esa historia. Asi que entre todo lo que pueda ir publicando, comenzaran a salir pequeños trozos de esta.
Wish

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sábado, 13 de junio de 2009 ~ 4:21 p.m. 0 Comments


Allan tenía nueve años, vivía en una pequeña casa en el centro de Londres con su madre. Tenia el cabello liso y castaño, tez blanca cubierta de pequeñas e inocentes pecas y ojos verdes. Su padre se había embarcado hacia algún tiempo en busca de dinero en los prometedores Estados Unidos de América, pero desde el día en que habían ido a dejar al barco que lo dejaría en en tierras desconocidas, no habían vuelto a saber de el.
Una fría noche, de inicios de otoño, llamo a la puerta un desconocido. Allan abrió la puerta. Su aspecto era algo extraño, su aspecto era de unos veintitantos años, pero su mirar demostraba tal vez más que el doble, ya que demostraba una madurez impropia de todo veinteañero.
- Buenas noches joven Allan. Se encuentra tu madre en casa? - pregunto. Allan se sorprendió de que el hombre supiese su nombre. Aun así llamo a su madre, quien miro con desconcierto al desconocido.
- Buenas noches señora Ágata...usted no me conoce, pero yo soy conocido de su esposo, que descanse en paz...lo conocí el día en que nos embarcamos hacia América y pasamos todas las adversidades que se nos presentaron al otro lado del océano...soy William O’ Brian - para entonces ya Ágata tomado un tono pálido en su tez morena y sus ojos esmeralda eran empañados por las lagrimas.
- ¿Qué le ha pasado a mi marido? - pregunto con una voz áspera y desgarradora
- Estábamos en un campamento con otros en mitad del desierto de Arizona, cuando fuimos atacados por una tribu de nativos... fuimos pocos los que logramos escapar a esos insectos asquerosos... - dijo el hombre con la mirada perdida. Ágata se tapaba la boca con las manos mientras las lágrimas acariciaban sus mejillas. - Tomas me paso esto antes de morir y me pidió que os diera a usted. - dijo sacando una pequeña bolsa de su abrigo, la que contenía una gran cantidad de dinero, que tal vez nunca les haría ricos, pero les permitiría vivir cómodamente a Ágata y su pequeño hijo. - dijo que le perdonara por no poder entregar lo que había ido a buscar a América el mismo...pero que algún día volverían a verse... dijo finalmente. Los sollozos de la mujer quebraban la estructurada melodía de los pasos de los hombres, de las carretas que circulaban de aquí para allá. Allan abrazo a su mama y lloro con ella la muerte de su padre.
- Hace ya un par de meses...-respondió William -bueno, he cumplido mi promesa...ahora me retiro...
- Espere - le interrumpió Ágata - quédese...un amigo de mi esposo es bienvenido en su casa...aunque el ya no este con nosotros.
- por favor, no quisiera molestar...
- Insisto - dijo la mujer adoptando un tono firme y secándose las lagrimas. Ante la insistencia de Ágata, William no tuvo más que aceptar.
El hombre, ya sea por respeto a su amigo caído ante sus ojos o por sentimientos personales, comenzó a frecuentar la casa. Después que caía el sol solía ir a visitar a la joven y hermosa viuda, quien solía invitarle a comer algo, para luego sentarse en la sala de estar donde bebían y reían hasta que comprendían que era hora de que cada uno volviese a lo suyo.

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