sábado, 23 de octubre de 2010 ~ 4:46 p.m. 0 Comments

Siempre sentada en su repisa, ella, la mas querida sobre todas las otras era la más hermosa muñeca, con largo cabello caoba y ondeado, y verdes ojos que reflejaban una tierna ausencia.
Todos los días su pequeña dueña jugaba con ella, pretendiendo que era ella su madre y la pequeña de ojos de vidrio su amada hija. Solía repetirle cuá nto le quería, que estaría junto a ella hasta que fuese grande, cuando entonces la pequeña muñeca tendría que jugar con sus hermanos.Littlegirl
En el inlatente corazón de la muñeca se fue formando un bello sentimiento por aquella niña, que veía idealizada como el ser más bello que hubiese podido conocer.
Pero los años fueron pasando, y la pequeña niña que algún día fue, iba siendo reemplazada poco a poco por una bella joven.
La muñeca siempre en su repisa esperaba en silencio por el momento en que su preciada dueña le volviese a decir "te quiero", día que poco a poco empezó a comprender, nunca llegaría.
Era una dorada tarde de otoño cuando por fin fue levantada de su empolvada repisa. Sus miradas se volvieron a juntar. Pero en el lugar en donde alguna vez hubo una mirada llena de ilusión y un alegre brillo infantil, ya solo había un pequeño reflejo. La niña ya había desaparecido por completo.
No quiero que juegues conmigo y con mis sentimientos susurró la muñeca, haciendo que la joven la dejase caer y corriera fuera de la habitación.
La que alguna vez había sido la más amada muñeca quedó reducida a añicos que se esparcían por el suelo... como las ilusiones que la joven construyó en el corazón de su amada pequeña.

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sábado, 12 de junio de 2010 ~ 11:43 p.m. 0 Comments

El movimiento en la cabaña comenzó temprano. El sol entraba con brillos dorados por entre las polvorientas cortinas. Ann apenas había dormido un par de horas cuando su hermana le despertó, pero parecía como si hubiese estado durmiendo plácidamente toda la noche.
Y aquel encuentro de la noche anterior… parecía parte de algún extraño sueño…pero estaba segura de que realmente había estado sentada toda la noche en mitad del bosque.
El día pasó lentamente, mientras la joven se perdía en sus tribulaciones, intentando comprender y asimilar todas aquellas cosas que le había dicho la musa la noche anterior.
Una vez que el sol se indio en el horizonte allá a lo lejos, para mezclarse por el mar allá en el calmo y frio mar del oeste, los sonidos del bosque dieron paso a la noche, y al aterciopelado manto oscuro con sus miles de brillantes ojos tintineantes.
Pero Clío no apareció aquella noche, ni a la siguiente ni a la subsiguiente. ¿Acaso la musa era parte de un extraño sueño? No…no podía ser. Después de todo, dijo que se volverían a ver… ¿Pero cuándo?

A la cuarta noche el susurro del viento tocó la ventana de la habitación que la joven compartía con su hermana. Una voz susurraba entre aquel misterioso sonido si nombre; el bosque la llamaba.
Saliendo de su profundo sueño, Ann se deslizo silenciosamente de la cama, calzó sus zapatillas y se cubrió con su chaqueta preferida, antes de abrir la puerta procurando no hacer ruido, para no despertar a su hermana.
- ¿Dónde vas Anni? – dijo de pronto su hermana bostezando, al despertar tras un chirrido de la puerta.
- Al baño…- mintió sonriéndole. – duérmete ya mensa, ya vengo…
Sin prestarle mayor importancia, Margot dio media vuelta y reanudo su sueño. Aliviada, Ann cerró la puerta a su espalda y se deslizó escaleras abajo, saliendo por la puerta de la cocina.
En el borde del bosque una figura esbelta reposaba junto a un árbol. Parecía cantar, o más bien dicho, susurrar una canción en algún dialecto antiguo, despreocupada y distraída.
- Te estaba esperando pequeña Anna…- dijo sin levantar la vista de algún punto en el cielo. - ¿Creíste que te deshacerlas de mi tan fácilmente? – rió dulcemente mirándola por fin.
- Emm…yo…comenzaba a creer que era tan solo un sueño…- tartamudeó nerviosa, perdiéndose en las perfectas facciones de aquel ser que se ponía de pie frente a ella.
- Cuando una musa se le aparece a algún humano en un sueño o en la realidad, esta le seguirá hasta el fin de los días…somos como sus sombras. - Rió tapándole los labios con sus delgados y blancos dedos. – Creo que este no es el lugar apropiado para continuar nuestra conversación…estamos muy descubierta a la vista de los curiosos… - dijo recuperando la serenidad, mirando alrededor.

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jueves, 25 de marzo de 2010 ~ 12:27 a.m. 0 Comments

- ¿Realmente estas viva? – preguntó la niña, aun dentro de aquel trance que provocaba en ella la ninfa.

- Por supuesto que si, yo vivo en los arboles, en las flores…vivo en los animales, en el musgo y en la hojarasca…soy solo una expansión de su vida, por eso mi pulso no es tan marcado como el tuyo…mi vida pulsa junto a la de Gaia, para dar impulso a la vida…yo le regalé la mayor parte de mi vida para que la vida no muriese…la vida que se marchitaba poco a poco, si que se diesen realmente cuenta, podría durar un poco mas…pero gracias a eso, yo he marchitado… - agrego triste.

- ¿A qué te refieres? Yo te veo tal cual creí que seria una ninfa.

- Humanos… - rió – yo no envejezco como ustedes, es parte de mi naturaleza…no marchito de una forma visible…pero la vida que late en mi interior, se ha debilitado…es como envejecer, solo que las arrugas se presentan en el corazón, que poco a poco deja de latir o simplemente con menos fuerza.

- Entonces…significa que morirás?

- Exactamente…pero cuando yo muera lo hará el planeta también…porque he compartido mi existencia, para hacer que la vida siguiese…creí, que ustedes, con todo el conocimiento que ya poseen, se darían cuenta a tiempo de las estupideces que cometían…y que intentarían cuidar y ayudar a su hogar…pero me equivoqué. Son unas criaturas realmente avaras y egoístas. Mi error fue creer en su inteligencia…pero son criaturas estúpidas después de todo.

Ann guardó silencio. Aunque no estaba totalmente de acuerdo y no le gustaban aquellas palabras; ella también era humana, y no se sentía para nada estúpida. A pesar de aquello, era mejor callar. La obra de su especie estaba acabando con su vida, era comprensible que les odiara tanto.

- ¿Qué pasó luego, vivieron mucho tiempo en Grecia? – cambió de tema intencionalmente. No quería seguir escuchando palabras que la hiriesen en su orgullo como especie dominante.

- Estuvimos allí muchas primaveras, hasta que decidimos que tomaríamos nuestros propios caminos. Nos despedimos, jurando que cuando el Phoenix volviera a nacer, nos juntaríamos en los bosques del fin del mundo, para acompañarlo en su última travesía…y cuando su vuelo cese y vuelva a convertirse en cenizas, la vida, como la que hoy ves, caerá junto al ave de fuego.

- ¿Por eso estas aquí?

- Si pequeña…queda relativamente poco para que el pichón nazca. Cuando eso suceda, nosotras le cuidaremos hasta que se haga adulto, como siempre hemos hecho…y luego, vendrá el fin. Pero no te preocupes, el tiempo para nosotros los seres sobrenaturales son distintos a los de ustedes. Lo que para nosotros puede ser tan solo unos instantes, para ustedes pueden ser décadas…y créeme que el Phoenix no se hará adulto en un par de meses…y que a lo que ustedes pudiesen llamar el fin, no es más que un nuevo comienzo. Gaia siempre se está reinventando…ella siempre cambia, haciéndolo también la vida sobre su superficie.

- ¿Cómo es ese pájaro? No logro imaginarme un animal que arda en llamas constantemente

El Phoenix no es como lo pintan. Por lo que tengo entendido, ustedes creen que es un ave del porte de un águila o un halcón que está permanentemente envuelta en fuego. Pero no es tan así.

Más bien mide unos tres metros de pies a cabeza, y posee plumas rojas con un cálido brillo dorado…y sus llamas solo se encienden cuando emprende su último vuelo, antes de morir en el gran desierto del centro. Y su canto es mas bello que cualquiera que hayas oído en tu vida…es como una nana, un arrullo que suena en el aire, haciendo que el cielo se tiña de tonos otoñales…

El fue el primero en la creación y el ser encargado de dar vida y destruir, para mantener el equilibrio, destinado desde un principio a esto. Fue creado en el Olimpo, de la mano Vulcano, quien le otorgó la magia del fuego, ayudado por Nammu, mi madre, quien le otorgó el don de la vida y la regeneración.

El Phoenix, como muchos creen, no es símbolo de destrucción, sino mas bien de vida…de una promesa de un porvenir prospero. Por eso Abraxas, el otro nombre con el que conocen al ave de fuego, es una deidad considerara con dos naturalezas: malvado y bondadoso…porque El Ave, es destrucción y vida, todo en un solo ser.

- Ya va a amanecer. – se interrumpió de pronto la ninfa. –será mejor que regreses a tu habitación…no creo que sea bueno que alguien se despierte y note tu ausencia…. – susurro mirando los manchones del cielo que se colaban entre las ramas de los altos arboles, que se iban tiñendo de gris y dorado.

La joven miro hacia arriba también, notando que ya había pasado bastante tiempo en  aquel lugar. Pronto las aves comenzarían a cantar.

- te guiaré a la cabaña, o te perderás. – agregó poniéndose de pie, extendiéndole la mano a la mortal, para que se pusiese en pie y la siguiera. Ann deslizo sus dedos por sobre la apenas tibia piel de la ninfa y la estrechó suavemente.

Caminaron entonces en silencio, sintiendo como el bosque iba despertando poco a poco. Una vez en el linde del bosque, Clío soltó la mano de Ann y se puso frente a ella, agachándose para mantener su mirada a la altura de la mortal. Las aves comenzaban a despertar y cantaban a su alrededor estruendosas.

Antes de dejarte ir, me debes prometer que no dirás nada a nadie acerca de mi… - susurró penetrando su mirada en la de Ann, que como en un trance asintió sin decir apalabra alguna. - Si dices algo…no me hago responsable de lo que pueda sucederte…entiendes? – Ann volvió a asentir. – Nos volveremos a ver pequeña… - susurró posando sus labios sobre los de ella suavemente, antes de deshacerse convertida en pequeñas gotas de agua.

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domingo, 10 de enero de 2010 ~ 12:52 a.m. 0 Comments

- ¿Por un ángel? – interrumpió su historia asombrada. Por lo que había comentado la ninfa sobre aquella mujer desconocida, parecía más bien un demonio o algo por el estilo. – ¿Cómo puede ser que el origen de la brujería tenga que ver con los ángeles? – preguntó Ann queriendo impregnarse de todo aquel conocimiento. Entonces, sin hacer mayor caso a su intervención, la ninfa prosiguió, respondiendo la inquietud de la mortal.

Aradia nació del vientre de Diana, quien descendió a la Tierra en busca de su amado hermano Lucifer, luego que este fue expulsado del paraíso, lugar en el que todos los seres divinos habitan…allí esta mi madre, esta tu dios, el de los reinos de oriente, de las frías tierras del norte, los del mar verde del centro de este continente…en aquel lugar todos tienen un lugar. Fue Diana quien engañó al pobre de Lucifer, y de su unión nació el alba y del amor nació Aradia, quien fue enviada a la Tierra para ayudar a los hombres que rendían vasallaje a otros, para que supiesen arruinar sus cosechas, matar a sus animales, y arruinar sus feudos…Diana enseñó a su hija a usar la magia, para que esta cumpliera la misión que le encomendó. Ahora Aradia es algo así como el nexo entre lo celestial y lo terrenal, ya que no pertenece a este mundo, pero ya tampoco corresponde al otro…y por elección propia ha decidido ser un ser errante, como somos todas aquellas criaturas que no somos aceptadas en el Olimpo, a pesar de poseer una naturaleza sobrehumana. Todos nosotros, o la gran mayoría, estamos aquí por capricho de los dioses, que nos han encadenado hasta el fin de los tiempos a cumplir la misión que cada uno de ellos ha creado para nosotros, los olímpicos.

Fuimos sus huéspedes por largas primaveras, hasta que un día decidimos regresar a nuestras tierras, que se encuentran al sur de aquellos místicos bosques, en los que los días son cálidos y el mar choca constantemente contra los altos e impenetrables acantilados…Grecia, Macedonia, Montenegro…todos ellos son mi hogar. Cada noche allí es fiesta, en la que todos danzan alrededor de la gran fogata mientras se entonan los antiguos cánticos en honor a los dioses.

Algunas gotas de emoción se colaban en sus ojos, plasmándose su voz, que al recordar sus tierras natales, se llenaban de añoranza; seguro que hace mucho que no pisaba aquellos lugares.

- ¿Quiénes iban a aquellas fiestas? – pregunto la niña imaginándose a fantásticas criaturas entonando el Sabbat en la profundidad de la noche, ocultos de todas las miradas inescrupulosas de las estrechas mentes de los mortales.

- Por lo general son los espíritus de los bosques los que llevaban a cabo aquellas veladas, cuando alguna de nosotras aparecía en los alrededores de las moradas…todo ser olímpico representa el vinculo entre la tierra y mundo de nuestros padres…y toda criatura inferior tiene la necesidad natural de querer rendir homenaje a sus creadores…es algo que no se puede explicar, se da en ustedes, se da en ellos…cada quien rinde culto a la deidad que le ha dado origen, menos los olímpicos, que estamos mas cerca de ellos y somos los hijos que han de cuidar y guiar a sus creaciones inferiores… - la ninfa explicaba a la mortal aquello que a sus ojos era tan simple, pero que ante la pequeña y joven mente de la niña, era algo que sonaba parte de un libro de filosofía. – en mi tierra natal, las criaturas que habitan en los lugares escondidos de los humanos suelen ser faunos, hadas y todas esas cosas que relata la mitología clásica…la mayoría son reales, aunque obviamente no son exactamente como se les pinta; el hombre suele exagerar algunas cosas…acaso yo me veo como un árbol? – rió.

- Pues no precisamente, aunque en tus rasgos puedo reconocer cosas que no son tan humanas…- reconoció Ann. Clío le miro con curiosidad. ¿Qué seria aquello que no parecía normal en ella? – Por ejemplo, a veces, tu cabello me parece que se mezcla con la tierra…como si saliese de esta… - agrego reconociendo la expresión de la ninfa. –Parece tan suave…tan lleno de vida… - susurro alargando una mano, queriendo tocarlo, sin saber muy bien lo que estaba haciendo, como si estuviese en un trance.

La ninfa sonrió dulcemente, como una madre mira a su bebe cuando este hace sus primeros ruidos en un intento de comunicación. Tomó suavemente su mano. Para sorpresa de Ann, esta estaba apenas tibia, como que su corazón apenas bombeara sangre.

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martes, 8 de diciembre de 2009 ~ 4:33 p.m. 0 Comments

Se preguntarán como es que esta humana llego a estar junto a esta ninfa ancestral. Pues todo comenzó la mañana anterior. Cuando Ann había llegado a aquel sitio después de un largo viaje en avión, un trasbordo y un par de horas sentada en la parte de atrás del Jeep que había arrendado su padre, mientras corría sin parar la lista de reproducción de su i-pod, haciendo un poco mas ameno aquel larguísimo trayecto. El paisaje corría tras el vidrio como una secuencia de nunca acabar. Todo parecía parte de un cuento…todo era bosques arcaicos a su alrededor.  

Pasaba de media noche, cuando una dulce melodía que transportaba el viento se coló por la ventana de la habitación de la cabaña en la que se estaba hospedando junto a su familia.
Se asomó a la ventana, tal vez su hermana mayor estuviese afuera disfrutando del paisaje. Se asombró al ver una alta y delgada mujer que solo llevaba una extraña túnica de largas y anchas mangas que arrastraba, salpicando el inmaculado blanco de la tela, que no lograba llegar hasta las rodillas. Se quedó pasmada mirando la misteriosa figura que se deslizaba por el linde del bosque, cuando de pronto se encontró con sus pálidos ojos grises. Entonces, movida por la voz melodiosa de aquel mágico ser, descendió las escaleras y se perdió entre los arboles, siguiendo siempre el sonido de la canción, que la mantenía en un trance imposible de romper.
Los arboles, luego de estar, por quien sabe cuanto tiempo, uno al lado del otro, apenas dejando colar algunos rayos de luz, perdiéndose sus copas allá arriba, como queriendo alcanzar el cielo; comenzaron a dispersarse poco a poco, hasta llegar a las orillas de las silenciosas aguas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. En aquel lugar la melodía parecía venir de todos lados, como si viniese de la tierra misma, como si fuese el canto de la noche…como si todos los arboles estuviesen silbando aquella voz.
Del sotobosque, se materializo la esbelta figura de la olímpica, a partir de un joven árbol, que de pronto comenzó a poseer rasgos antropomórficos. Una extraña túnica cubría apenas su cuerpo, mientras que largas y anchas mangas rozaban el suelo, ensuciándolas y desgastándolas.
Lentamente la musa se acercó a la mortal, la que se había quedado parada allí, sin saber que hacer ni que pensar, simplemente observando a aquel maravilloso ser.
- ¿Qué eres? – dijo por fin.
- Soy el alma del bosque, soy la guardiana de todo aquello en el que la vida palpita…soy una musa, una ninfa…soy, la ultima de las náyades… - susurro con voz profunda y sorprendentemente lejana.
- ¿Qué hiciste luego de despertar? – pregunto Ann, queriendo saber mas de la historia que Clío le relataba. La noche parecía haberse detenido, ¡y ojalá fuese así! Si la sola presencia de aquel ser era motivo suficiente como para estar allí eternamente.
En compañía de Aradia, que se traslada por la oscuridad de la noche como si fuese una estrella, huimos a los bosques de la Valaquia allá en la Europa Oriental. Los bosques allá son extensos, antiguos y profundos…simplemente un lugar perfecto para que seres como nosotras hagamos de nuestra morada. Pasamos un largo tiempo allí, entre las ramas de ese extenso mar verde en el que los lobos aúllan al anochecer y en el que la magia se siente en el aire…es aquel lugar en el que mora Aradia…es por eso que grandes de la historia que han vivido en las cercanías han perdido la razón al encontrarse con la Maestra, puesto que sus mentes no estaban preparadas para algo tan hermoso como lo es una criatura que ha sido concebida por un ángel.

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viernes, 4 de diciembre de 2009 ~ 8:54 p.m. 0 Comments

- Ya me ha entrado sueño - dijo Ágata tras varias horas bebiendo en el living. Había adquirido aquella mala costumbre desde que había sabido la muerte del amor de su vida, nunca había aprendido a sobrellevarlo.
- Ok. Te dejo entonces. -dijo Will parándose para irse.
- Tu te quedas aquí! - alego la mujer acercándose a el - quédate unos di... - había tomado de su mano para intentar retenerlo, pero se había llevado una sorpresa al notar lo gélida de la piel de su amigo, el que la miro preocupado tras intentar evitar quitar su mano, pero Ágata había sido mas rápida que el.
- Esta bien, me quedare...pero no quiero abusar de tu hospitalidad
- Piensa mas bien que es un regalo a esta viuda que no recibe ninguna visita interesante nunca! - dijo sonriéndole- Muy bien, preparare la habitación de invitados y…
- Déjame a mi…no te molestes en pequeñeces…dijo tomándola de los hombros para que se quedase quieta - y no me reclames nada- agrego al ver que la mujer se preparaba para alegar.
- Muy bien, que tengas dulces sueños...-decía Ágata satisfecha y acercándose a Will para besarle dándole las buenas noches, pero William la detuvo.
- Has bebido mucho mujer! anda a acostarte! que hueles a alcohol terriblemente -dijo riendo y dejándola ir.
Ambos entraron a sus respectivas habitaciones. William ya sabía donde se tendría que alojar, puesto que ya había usado aquella habitación mientras se quedo en aquella casa años antes. La habitación no había cambiado en nada, todo estaba en el mismo lugar que antes, como si nunca se hubiese movido nada, como si no hubiese pasado ningún día desde su última visita. William se acerco a la ventana, la abrió para sentir la brisa de las últimas horas de la madrugada. Cuando ya el horizonte aclaraba cerró la ventana y corrió las cortinas, para evitar que el sol entrara cuando la mañana llegase.
El cielo fue aclarando poco a poco, pero Will no pegaba ojo tirado sobre la cama pensando, mas bien imaginando bellas historias en las que Ágata era la delicada y dulce protagonista, dueña del amor de una bestia que tal vez nunca pudiese tenerla realmente…pronto las fantasías se fundieron con los sueños y ambos se hicieron uno.

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domingo, 15 de noviembre de 2009 ~ 3:50 p.m. 0 Comments

Nací hace ya mucho...cuando Nammu y Anu se escaparon en la infinita oscuridad de la noche. Fue entonces cuando la Tierra y el Cielo dieron origen a mi y mis hermanas, las que fuimos dispersadas por todo el planeta, para vigilar la creación de mi madre de la indiscriminada mano del hombre.

Ninfa_by_HispanartPasaron los siglos. Fuimos adoradas como diosas, como dríades y náyades...pero supongo que nos suelen conocer mejor como ninfas. Si, aquellas figuras femeninas de la naturaleza de la mitología de antaño. Pero el tiempo nunca deja de pasar...muchas fueron atrapadas siglos mas tarde y acusadas de brujas ardieron en las llamas de las hogueras de la Inquisición.

Aun desconozco si exista aun otra dríade con vida en estos momentos...pero hasta el momento me considero la ultima de mi especie. Solo una de mis hermanas náyades habita en las ruinas de la Atlántida, en la profundidad de las aguas. La gran ciudad aquella pereció ante la furia de mi hermana, como ella misma me comento la ultima vez que nos vimos, hace ya un par de siglos atrás, cuando me liberó de mi largo sueño...

Fui sellada en el místico Stonehenge, por una valiente mujer pagana, la que luego fue enviada a la hoguera por brujería...mi hermana, después de mucho buscar, logro dar con el lugar de mi eterno descanso...

Hoy el mundo ya no es el de antes...cuando mi cuerpo se reconstruyó a partir del rocío de la mañana, y volví a rozar mi mejilla contra la tierra, sintiendo su suave palpitar, pude sentir como su dulce nana ahora se escuchaba triste y débil. Fue entonces cuando mi hermana me puso al día de lo que ustedes patéticos humanos hicieron con mi hogar, la creación de mi madre, el templo que se me encomendó cuidar. Entonces juré que les haría respetar el antiguo legado de mis hermanas y de todas aquellas criaturas que borraron de sus libros de historia y nos redujeron a cenizas y leyendas...y juré que el día en que por fin el Phoenix vuelva a la vida, moriré junto a sus cenizas, arrasada en el fuego reconstructor del ave inmortal.

La musa cuenta su historia sentada bajo un viejo árbol a la orilla de aquel claro. La luna llena ilumina misteriosamente las quietas aguas de la laguna que se extiende frente a los ojos perdidos de aquella delicada criatura. Su piel blanca, a la luz de la luna, toma un extraño brillo platinado. Su larga cabellera marrón cae hasta casi tocar el suelo ¿o será que es solo una extensión de la misma hojarasca?, la misma que se estremece bajo el peso de su cuerpo, que poco a poco se va embobando ante la presencia de aquella antigua y sobrenatural belleza. Sus ojos grises parecían desteñidos, tal vez en épocas de antaño habrían sido del color de aquella roca en al que descansaba...pero hoy bordeaba la palidez, solo un leve reflejo daba cuenta del originario color de aquellos ojos cansados que escondían mucha experiencia tras aquel rostro eternamente joven.water_nymph_by_AvantFae

- Aun no se tu nombre... - susurró la joven mortal interrumpiendo el silencio eterno de la noche. La ninfa le sonrió dulcemente, con un dejo de cansancio en su rostro.

- Clío...

La joven la miró asombrada por unos instantes. Aquel nombre lo había leído un millar de veces en libros de mitología clásica. El que su nombre fuese aquel, no podía ser una mera coincidencia.

- ¿Eres la musa que cuentan las historias?

- Veo que abres los libros de vez en cuando, no? - rió.

Soy la misma aquella que se relata...las demás, Calíope, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talía, Terpsícore y Urania, eran mis hermanas...todas ninfas de los bosques, las aguas y el aire, entre muchas otras, solo que éramos nosotras un pequeño grupo que se había juntado en el Peloponeso. Ellas fueron, sin lugar a dudas, mis hermanas mas amadas. Me gustaría creer que Urania aun vive y que protege aun los cielos o que duerme escondida en algún lugar fuera del alcance de humanos estúpidos...

Calíope, oh! mi querida Calíope! Ella es la mas amada por sobre todas! Ella que subió hasta la superficie, abandonando su reino. Llegó a mí una noche en forma de bruma. El invierno azotaba la isla Británica cuando Calíope susurró mi nombre en la oscuridad. En ese instante sentí latir una vez más mi corazón, saliendo a penas de mi letargo.

Etaine,_Goddess_of_Darkness,_Shaiya_MMORPG Fue entonces cuando escuche su dulce voz, que aparecía poco a poco dentro de la oscuridad inmensa que inundaba mi mente. Era el Sabbat, que entonaba como un himno de guerra en mitad del campo ingles. Pronto una segunda voz se unió al canto de mi hermana: Aradia, la maestra de las brujas, había aparecido, materializándose de pronto en medio de la oscuridad, invocada por aquel canto, que quizá hace cuanto no escuchaba. Sus voces se fundieron en aquella antigua melodía, rompiendo poco a poco el sello que me mantenía atrapada.

Entonces una cálida mano se posó sobre mi hombro, remeciéndome suavemente para que despertara. “Ya es hora de despertar…” escuche junto a mi oído. Sorprendida por sentir a alguien junto a mí, me di vuelta, y ahí en medio de la nada que me rodeaba, se encontraba Diana, madre de Aradia, que, parada junto a mí, me sonreía mientras me extendía su mano. “Tu hermana te espera ¿No la escuchas? Ha venido desde muy lejos por ti…no la hagas esperar. Ven…” decía incitándome a volver a este mundo. Fue en el momento en el que mi mano tomó la suya, cuando un torbellino de colores apareció en la nada infinita y oscura que me rodeaba. Y así fue, como ya te conté, que mi cuerpo de materializó a partir del rocío. Me quedé allí tumbada por unos instantes, queriendo sentir la vida de mi templo latir…pero solo sentí el triste sollozo del viento, que presagiaba destrucción...mientras que el débil latir de Gaia se escuchaba en las profundidades de su ser. Mientras Uranus, mi padre, cubrió mi renacer con una capa oscura y estrellada, para que nadie se fijara que una de sus últimas hijas volvía a pisar el humus. Raina,_Goddess_of_Light,_Shaiya_MMORPG

Siguió relatando la olímpica, mientras la joven se embelesaba y embriagaba con su voz, que mas que voz parecía el canto que ha de tener un árbol al entrar la mañana.

- Así que es verdad…aquellos dioses si existieron…

- Y existen aun pequeña…solo que su periodo de alabanza ha concluido. El dios que hoy alaban no es mas que el mismo que en Egipto conocieron como Atón o Iten, como quieras llamarlo…todos tienen sus periodos…cada cual se hace cargo de alguna cultura distinta. Así, ellos se encargan de que ustedes, criaturas tontas, avancen hacia el cambio y no se queden estancados en una sola cosa…su labor es llevarlos a la perfección, para que algún día lleguen a otra forma… ¡piénsalo, tal vez tu alma, en muchos años mas, sea tan avanzada como para poder renacer en algo parecido a lo que es mi existencia!

Bueno, lo anterior es parte de lo ultimo de mis historias...que espero, esta vez, terminar en algún futuro cercano o lejano, lo que se de primero. Espero sea del gusto de todos n_n no crean que he olvidado a Velvet! esa historia sigue!! obvio que sii! mas aun después de todas las cosas que he leído sobre el tema que trata…no adelanto mas, que después se descubre de que se trata en realidad e__e

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lunes, 21 de septiembre de 2009 ~ 10:12 p.m. 0 Comments

Los años pasaron. Allan dejaba de ser un niño para adentrarse en el mundo de la adolescencia. Su madre había envejecido rápidamente...había tenido que buscar la manera de sacar a su hijo adelante sin un padre que mantuviese la familia. En aquel entonces era difícil para una mujer hacer aquello, pero Ágata era joven, puesto que, como en aquella época, había desposado joven y su hijo había nacido alrededor de sus 20 años, tal vez menos.
Una noche de primavera llamaron a la puerta. Por aquellos días no se solían recibir visitas a menudo, menos a aquellas horas.
- Yo abro mamá... - dijo Allan dejando de lado el libro que leía. Al abrir la puerta se encontró ate el peculiar hombre que había conocido años atrás - Will... - susurro Allan.
- Hola Allan! -saludo alegre el hombre. Su aspecto era muy distinto que cuando lo conoció, puesto que se había presentado en un estado profundamente afectado por la muerte de su padre, algo ido y pensativo; pero ahora, parecía contento y animoso.
- Will!! - grito la dueña de casa saliendo de la cocina secándose las manos y corriendo a la puerta. Había escuchado una voz muy familiar y querida hablar afuera - Pasa hombre por Dios! no te quedes allí afuera!! - dijo la mujer risueña tirando al hombre de la ropa para que entrase.
A pesar de haber compartido poco tiempo, Ágata le había tomado mucho cariño a aquel individuo. Había supuesto que le debía mucho al haber ido a dar la penosa noticia, de haber cumplido con la petición de Tomas...en vez de haberse quedado con todo lo que el hombre le había entregado antes de morir.
Ágata había vuelto entrar a la cocina, se escucho el tintinear de unos vasos y luego volvió a entrar a la sala de estar con unas copas y una botella de licor.
- Dime Will, qué ha sido de tu vida? no supimos nada de ti desde que dejaste Inglaterra! - decía mientras llenaba las copas.
- Pues fui a Francia...tenía unos asuntos pendientes allí y me vi obligado visitar Paris. Luego, por cosas de trabajo tuve que ir al África, terrible lugar si me permites decir...hay batallas por todos lados entre negros y europeos, entre las distintas tribus, etc. sumado a eso ese calor!! pareciera que todo se va a derretir allí! Todo es tan café!! - decía mientras recordaba con desagrado su estancia en el negro continente. - Y ahora recién regreso a mi amada y natal Gran Bretaña...-agregó suspirando su dando un sorbo a su copa
A Allan no le agradaba mucho William, nunca le había inspirado confianza como a su madre. Por eso cogió su libro, dijo buenas noches y se había retirado a su habitación luego que William terminara de contar su historia.
- Perdóname por irrumpir en tu casa a estas horas...pero ya había dado un paseo por Londres, y me acorde de que vivías aquí cerca y decidí pasar...no había notado lo tarde que era...-dijo disculpándose una vez que Allan había desaparecido escaleras arriba.
- No te preocupes...siempre serás bienvenido aquí...comiste ya? puedo preparar algo! - dijo Ágata animosa alistándose para ir a cocinar algo para la inesperada visita.
- Si, ya comí... - dijo distraídamente - ya te dije cuando nos conocimos que no te esmeraras en cocinar nada, soy muy malo para comer...-dijo riendo mientras rellenaba su copa.
- Es verdad... -dijo la mujer recordando que casi no había comido bocado la ultima vez que había estado en su casa.

He decidido seguir publicando esa historia. Asi que entre todo lo que pueda ir publicando, comenzaran a salir pequeños trozos de esta.
Wish

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sábado, 13 de junio de 2009 ~ 4:21 p.m. 0 Comments


Allan tenía nueve años, vivía en una pequeña casa en el centro de Londres con su madre. Tenia el cabello liso y castaño, tez blanca cubierta de pequeñas e inocentes pecas y ojos verdes. Su padre se había embarcado hacia algún tiempo en busca de dinero en los prometedores Estados Unidos de América, pero desde el día en que habían ido a dejar al barco que lo dejaría en en tierras desconocidas, no habían vuelto a saber de el.
Una fría noche, de inicios de otoño, llamo a la puerta un desconocido. Allan abrió la puerta. Su aspecto era algo extraño, su aspecto era de unos veintitantos años, pero su mirar demostraba tal vez más que el doble, ya que demostraba una madurez impropia de todo veinteañero.
- Buenas noches joven Allan. Se encuentra tu madre en casa? - pregunto. Allan se sorprendió de que el hombre supiese su nombre. Aun así llamo a su madre, quien miro con desconcierto al desconocido.
- Buenas noches señora Ágata...usted no me conoce, pero yo soy conocido de su esposo, que descanse en paz...lo conocí el día en que nos embarcamos hacia América y pasamos todas las adversidades que se nos presentaron al otro lado del océano...soy William O’ Brian - para entonces ya Ágata tomado un tono pálido en su tez morena y sus ojos esmeralda eran empañados por las lagrimas.
- ¿Qué le ha pasado a mi marido? - pregunto con una voz áspera y desgarradora
- Estábamos en un campamento con otros en mitad del desierto de Arizona, cuando fuimos atacados por una tribu de nativos... fuimos pocos los que logramos escapar a esos insectos asquerosos... - dijo el hombre con la mirada perdida. Ágata se tapaba la boca con las manos mientras las lágrimas acariciaban sus mejillas. - Tomas me paso esto antes de morir y me pidió que os diera a usted. - dijo sacando una pequeña bolsa de su abrigo, la que contenía una gran cantidad de dinero, que tal vez nunca les haría ricos, pero les permitiría vivir cómodamente a Ágata y su pequeño hijo. - dijo que le perdonara por no poder entregar lo que había ido a buscar a América el mismo...pero que algún día volverían a verse... dijo finalmente. Los sollozos de la mujer quebraban la estructurada melodía de los pasos de los hombres, de las carretas que circulaban de aquí para allá. Allan abrazo a su mama y lloro con ella la muerte de su padre.
- Hace ya un par de meses...-respondió William -bueno, he cumplido mi promesa...ahora me retiro...
- Espere - le interrumpió Ágata - quédese...un amigo de mi esposo es bienvenido en su casa...aunque el ya no este con nosotros.
- por favor, no quisiera molestar...
- Insisto - dijo la mujer adoptando un tono firme y secándose las lagrimas. Ante la insistencia de Ágata, William no tuvo más que aceptar.
El hombre, ya sea por respeto a su amigo caído ante sus ojos o por sentimientos personales, comenzó a frecuentar la casa. Después que caía el sol solía ir a visitar a la joven y hermosa viuda, quien solía invitarle a comer algo, para luego sentarse en la sala de estar donde bebían y reían hasta que comprendían que era hora de que cada uno volviese a lo suyo.

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viernes, 8 de mayo de 2009 ~ 11:27 p.m. 1 Comments

La noche volvía a caer, la bóveda celeste comenzaba a brillar, mientras la sonriente cara de la luna se reflejaba en las tranquilas aguas del lago que descansaba allí abajo, a los pies de la quebrada en la que me encontraba. La brisa soplaba alegre entre la hierba. El paisaje me hubiera parecido hermoso, pero las lágrimas me impedían ver nítidamente. El ulular de alguna lechuza solitaria sonó entre los árboles del bosque que se encontraba allí en las cercanías. Hace mucho que no estaba en aquel apacible lugar, muchos años habían transcurrido desde que había abandonado aquellas verdes praderas, para aventurarme en una travesía que nunca debí comenzar…
Eran tiempos de guerra, los hombres estaban divididos. Un grupo apoyaba a una poderosa y tenebrosa bruja de infernal belleza, que quería gobernar todos los reinos del occidente nórdico, para ello contaba con la ayuda de poderosas y grotescas criaturas de oscuros poderes. Por otro lado, había un grupo que nos oponíamos al régimen de terror con el que soñaba Jade, la malvada bruja.
Muchos humanos nos habíamos marchado de nuestros pueblos natales, yo aún era una niña, nunca imaginé la magnitud de los acontecimientos que tendría que presenciar durante alrededor de 15 años, y sobrevivir para contar cada una de esas épicas historias, para demostrar al mundo que un corazón algún día puro como el agua se puede volver de piedra, para dar esperanza a los demás, de que a pesar de todo lo que pueda pasar, siempre habrá una forma de seguir adelante.



Realmente no me gusta mucho ese cuento, ultimamente estoy mas apegada a temas mas realistas, aunque suene chistoso que la amante de las novelas de fantasia lo diga. Pero el incio realmente me parece hermoso (no lo digo por ser yo la que lo escribio) pues es tan detallada la descripcion que es casi como ver una fotografia en mi cabeza.

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miércoles, 6 de mayo de 2009 ~ 11:10 p.m. 0 Comments


Comenzó a cesar la lluvia. Los pájaros empezaron a cantar su alegre melodía, llena de esperanza, augurando buen tiempo. El sol comenzó a salir allá lejos, formando un arco iris a mis espaldas, lo peor ya había pasado.
No se cómo ni por qué pero fracase en ese intento de suicidio. Mi mejor amiga me encontró tirada en el sofá ya inconsciente. Desperté en una cama del hospital. Todos estaban allí: familia y amigos; mis viejos amigos del colegio de algún modo se habían enterado, y estaban allí. Todos a quienes les importaba, estaban allí. Sentí el calor de muchas manos amigas que solo querían sacarme de ese pozo sin fondo que yo misma había cavado. Después de mucho volvía a ser feliz, la luz había vuelto.
Nunca nadie se imaginó que ese seria el momento más importante de mi vida hasta ese entonces, ese cuadro nunca se arrancaría de mi memoria. Fue como volver a nacer.
Me detuve a observar la belleza del paisaje, a sentir el olor de la tierra, a grabar el atardecer esplendoroso que estaba presenciando, para no dejarlo ir de mi memoria jamás; a sentir como la brisa acariciaba mi rostro. Era una con el viento, sentí por un momento como huí de mi dolor.
Muchos años pasaron y este episodio quedo atrás y reanude mi vida. Ahora todo tenía sentido, no me sentía sola y no sentía dolor.
De algún modo, alguien había querido ser parte de mi vida. Mi esposo, ahora el pilar de esperanzas que siempre necesité y pronto una nueva persona se uniría a la familia, por el momento, se desarrollaba en mi vientre.
Pero el cruel destino me lo quito de las manos, me arrebato la felicidad que tanto me había logrado alcanzar. Una noche, en la que regresábamos a casa tras una larga jornada, la vida de el se extinguió junto con la de mi niño que no alcanzo a ver la luz, y yo, quede maltrecha y herida después del fatal accidente: un camión nos choco y volcó de la autopista. Te amo y siempre lo haré fue lo ultimo que le escuche decir a mi lado, sentado en el asiento del chofer.
La noche comenzaba a caer. El lucero me sonreía allá en lo alto. Veía a lo lejos el final de mi camino, mi destino. La luna iluminaba mi senda, como cada noche veló por mi, como una madre, como un ángel, bella y serena.
Después de salir del hospital, regrese a casa. Una soledad fría habitaba allí, cada rincón me atormentaba, todo me llenaba de recuerdos. Por lo que inicie otra vida, en otra ciudad, con otras personas. Pero todo fue inútil, esta pena, este vacío ya se había internado en lo más profundo de mi corazón. Nuevamente había caído en mi pozo.
Una tarde, mi dolor, mi soledad y todo ese sufrimiento que habían marcado mi vida, me hicieron tomar por segunda vez la drástica decisión. Subí al último piso del edificio más alto de la ciudad. La noche ya caía al momento de tirarme al vacío, en cosa de segundos mi vida se había acabado, junto con mi dolor. Nada ni nadie había logrado salvarme de mi trágico fin, pareciera que estaba escrito en piedra que habría de quitarme la vida y 34 años me costo lograr llegar a esta conclusión…
Me encontré frente a una vieja verja de puertas abierta. Todo ya era oscuridad, la luna allá en lo alto junto con las estrellas, como siempre eran mi guía. Al otro lado de la puerta se me esperaba, era hora de partir, allí me consolarían, me curarían. Por fin podría romper estas cadenas que me apresaban al sufrimiento de mi vida. Por fin moría…

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lunes, 4 de mayo de 2009 ~ 8:19 p.m. 0 Comments

Era un ventoso día de otoño, el viento soplaba fuerte, haciendo bailar a las doradas y cobrizas hojas de los árboles al son de su música, mientras ellos cantaban una triste canción. Ningún pájaro se oía cantar, solo el sonido de mis solitarios pasos. Unos caballos corrían al otro lado de la cerca, sin ataduras, pero yo, que me encontraba sola caminando por aquel camino de tierra, era prisionera de mí pesar. Ya nada podía salvarme de mi inminente fin, todo estaba perdido, no podía huir, pues de lo que huía no era algo de lo que se pudiese escapar: ese sentimiento nunca me dejaría en paz, eso ya lo había comprobado, pues muchas veces había querido olvidar, pero siempre inútil mente.
Recordé aquellos momentos de antaño en los que solía ser feliz, en los que la gente a quien amaba se encontraba aquí a mi lado, cuando aquel brillo infantil de mis ojos aun no se había opacado, aquellos años de inocencia, de luz.
Unas nubes comenzaron a tapar el triste sol que
apenas saciaba la sed de calor de mi corazón, mientras la hojarasca se metía en mis botas.
Rememore mis días en el colegio, mis amigos y compañeros y a todas esas personas que fueron importantes para mí en aquellos momentos en los que apenas me hallaba en pié, cuando me solía repetir que tenía que ser fuerte, que no debía sucumbir ante el dolor. Pero innumerables veces caí en las lágrimas. En aquellos momentos descubrí quienes eran mis verdaderos amigos, quienes eran esas personas que realmente me querían. Pero el tiempo pasó y cada uno partió por su camino, y de a poco, nuestro lazo se rompió.
Las nubes, que ya habían cubierto por completo el cielo, habían tomado un tono gris y el aire se torno frío. Segundos después la primera gota rozo mi cara, gélida como el hielo. No tardo en desatarse la tormenta. Yo seguí caminando lentamente, mientras la lluvia lavaba mi cara y el viento danzaba con mi cabello. Los caballos habían corrido, talvez a refugiarse en su establo. El viento soplaba con ímpetu, enojado por alguna causa desconocida. Las hojas ya no bailaban, solo caían con violencia al húmedo suelo, mientras los árboles se aferraban con fuerza a la tierra para no ser derribados, para no morir.
Seguí pensando, recordando. Ahora me encontraba lejos de casa y de todo ser querido, en otra ciudad, rodeada de desconocidos. Pasó el tiempo. Conocí a mis amigos actuales, los que de hace mucho me apoyan. Y aunque ha pasado tiempo desde que nos separamos, hoy están aquí conmigo y siempre lo estarán.
El barro se hacía cada vez más espeso y la lluvia mas tupida. Apenas veía por donde iba. Las doradas hojas yacían en el suelo, habían sido traicionadas por el viento.
Quedé sola una vez mas, ahora ya no dependía de mis padres, vivía de mi propio trabajo, en otra ciudad, muy lejos de todos aquellos a quienes había amado.
Tiempo después conocí a alguien, que poco a poco se transformo en alguien muy importante para mí, era alguien en quien podía confiar, alguien a quien amaba. Muchos años habían pasado desde que alguien que estuviera a mi lado fuera tan importante para mí. Pero fui cegada por el amor y no vi que el solo me traería más sufrimiento, el que me volvió a atormentar con más fuerza que antes. Llegó un momento en el que mi enmendado corazón ya no soporto más y me pidió a gritos que acabara con mi dolor. Una fría hoja plateada rasgó mi piel y mi sangre besó el suelo.

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domingo, 19 de abril de 2009 ~ 10:52 p.m. 0 Comments




La habitación comenzaba a oscurecerse. Quien sabe cuanto rato habremos permanecido allí inmóviles viéndonos las caras, cada uno apoyado en el muro contrario de la silenciosa habitación. Poco a poco el sol se había ido llevándose consigo la tarde y trayéndonos la noche, acompañada de la luna.No cruzábamos palabra alguna, tan solo estábamos allí como muñecos mirando nuestra existencia, intentado asimilar cada aspecto del otro.Tú me mirabas eternamente con tus dulces ojos, que dejaban ver cada rincón de tu alma, mientras que los míos solo mostraban una fachada desinhibida. Sabia que tu corazón tierno solo buscaba un poco de amor, de mi amor; el que yo te entregaba incondicionalmente, aunque nunca nadie entendiese cómo podía hacerlo…pero nunca me había importado lo que pensaran o dijesen los demás; yo solo quería vivir mi sueño, nuestro sueño.Pero allí estábamos, sin poder decirnos nada, solo deleitando nuestros sentidos de la presencia del otro.Intentabas comprender y memorizar cada gesto mío, cada movimiento, cada palpitar de mi joven corazón que latía por vos. Mientras, yo me entretenía imaginando que me acercaba a ti y besaba tus labios y tu respondías a mi beso y me acariciabas mientras decías cosas lindas a mi oído, tratándome como a tu pequeña a la que siempre has querido alegrar y ver sonreír por siempre.Ni nos dimos cuenta cuando la noche ya estaba sobre nosotros. Todo era oscuridad allí, pero la tenue luz del foco de afuera se colaba entre las cortinas entre corridas y nos permitían mirarnos las caras y reconocer cada rasgo de ellos.De pronto, sonó la estruendosa melodía de mi celular, el que yacía allí cerca mío, tirado en el suelo; recordatorio de que aquel momento no era eterno y que había gente, un mundo entero, que seguí allí afuera, pero para mí no importaba nada mas que tu, yo y aquella habitación de hotel. Mire la pantalla y no me agrado ver el nombre que mostraba…no quería que arruinasen aquel momento de perfección, que talvez nadie nunca entendería.Colgué y tire el celular con desagrado al suelo, pero a los pocos segundos volvió a sonar. “¿Es que acaso joderás toda la noche?” pensé apagando el aparato.Tú me mirabas divertido ante el fastidio que me había causado la molesta llamada. “Pequeña, no te enojes, se linda y sonríe…” dijiste sonriéndome, haciendo que me llenase de ternura y no pudiese evitar el atravesar rápidamente la habitación a gatas, para darte un fuerte y calido abrazo. Besé suavemente tus labios. Nunca hasta ese entonces lo había hecho, creí que nunca me atrevería a hacerlo, pero ya no resistía más la tentación de saber a qué sabían tus labios. “Te amo” te susurre al oído. “No sabes cuánto espere por tenerte entre mis brazos al fin” dijiste abrazándome mientras acariciabas mi cabeza tiernamente.Besaste mis labios y luego me miraste fijamente. Las lágrimas bañaban mis mejillas al recordar que no estarías eternamente conmigo y que luego partirías, como todos lo haremos algún día…pero tu te irías antes de lograr comprender de que al fin habías llegado. Secaste mis lagrimas y dijiste: “No llores mi niña, pronto podremos estar juntos por siempre…”Tras eso me apoye en tu regazo y cerré los ojos, imaginando toda mi vida a tu lado…mis fantasías pronto se fundieron con mis sueños y sin darme cuenta me dormí escuchando el dulce latir de tu corazón y sintiendo tu respirar en mi frente, mientras tus brazos se encontraban ocupados abrazando a la niña que talvez nunca imaginaste amar…pero allí estábamos, cumpliendo aquel sueño que habíamos ideado hace ya tanto…

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